- imagen tomada de la red -

 

Un hombre de mediana edad, robusto y fuerte, de mirada recia y carácter impasible sentía que a su vida le faltaba algo pero no sabía qué. Los empleados lo trataban con mucho respeto y con mucha seriedad, más por su carácter que por el puesto que  desempeñaba.

  • Aquí están las carpetas que solicitó y …
  • ¡DÉJELAS AHÍ Y REGRESE A SU PUESTO! ¡SU TRABAJO NO SE VA A HACER SOLO!

Eran las respuestas comunes en el ambiente de trabajo bajo sus órdenes. En los pasillos el cuchicheo era el mismo de siempre…

  • ¡Ay! ¡Ya no lo aguanto! ¡Siempre es lo mismo con él! ¡Los regaños son diarios por todo y por la nada!
  • ¡Sí! ¡Y ni un saludo te contesta!
  • ¡Si no fuera porque es el dueño…, ya le habría contestado algunas frescas!

A él no le agradaba ser la persona que era. Su forma de ser ya le había costado muy caro, en familia, seres queridos y amigos de gran valía. Y no es que fuera de mal corazón solo que no podía presumir de tener buen humor, la alegría no figuraba en sus quehaceres diarios. Tal vez era algo que le faltaba a su vida pero no sabía cómo hallarla o dónde. Sus ojos sobrios y serenos dejaban entre ver una profunda tristeza, de la cual ya había olvidado su origen, solo sabía que se había instalado muy dentro de él y que formaba parte de su vida desde tiempos inmemoriales.

No había nada que le alegrara:

– Cumpleaños…se hacía más viejo,

– Reuniones familiares…las mismas caras, los mismos problemas,

– Navidad y Año Nuevo…historias viejas y razón para gastar sin razón.

Y así su lista de motivos: atardeceres, lunadas, lluvia, sol, playa…nada de nada en la nada le alegraba.

Un día, sin que nadie se diera cuenta, el hombre alcanzó a oír los comentarios y quejas que de él hacían sus empleados. Lejos de tomar represalias, decidió ponerle fin a esa situación… la pregunta era ¿cómo?

De regreso a su casa, en un letrero colgado de un poste, se anunciaba un extraño personaje…

¿NO SE SIENTE USTED FELIZ?

¿PASA TODOS LOS DÍAS TRISTE Y SIN ÁNIMOS POR LA VIDA?

¿QUIERE USTED DEJAR DE SENTIRSE ASÍ PARA SIEMPRE?

¡USTED NECESITA UNA SONRISA EN SU VIDA!

VISITE AL FAMOSO

“TATUADOR DE SONRISAS”

¡ÉL TIENE LA SOLUCIÓN!

¡NO SE VA A ARREPENTIR!

No creyendo ni una sola palabra del cartel, continuó su camino a casa, pero no dejaba de pensar en el personaje anunciado en este. Meditó toda la noche sobre su vida y sus periplos sucedidos con su familia y amigos a causa de carácter. Por fin se decidió a visitar al extraño personaje que anuncia el cartel. Sin embargo en el cartel de propaganda no se mencionaba ninguna dirección en la cual encontrar al famoso “tatuador”. Solo había en la esquina inferior izquierda, algo parecido a un rostro junto a una burda representación de una banca de parque.

Sin saber qué hacer ni entender la intención de tal mensaje, a la mañana siguiente tomó rumbo al parque más cercano que conocía. Burlándose de sí mismo por sentirse tan crédulo y tonto, al seguir las palabras de un anuncio sin cuestionar la credibilidad del mismo, decidió llegar caminando. Al tomar la esquina cercana al parque, un precioso cachorrito blanco apareció de repente y comenzó a hacerle compañía paso a paso. El hombre, al notar la presencia del cachorrito se incomodó mucho pues no le agradaban en lo absoluto, no recordaba por qué, pero le incomodaba en gran manera, pero continuó su camino muy a su pesar.

Al llegar al parque, se detuvo, lo recorrió con la mirada y después de completar 180o de inspección minuciosa, decidió entrar por un arco de flores violetas, blancas y azules que la hacía de puerta, encorvándose a causa de la baja altura a la que ésta se levantaba. Recobrando su estatura normal observó en el semicírculo de césped que en el centro se formaba, un lugar privilegiado donde una banca blanca recién pintada y arreglada, invitaba a un buen descanso, plácido y tranquilo bajo los flamboyanes y almendros, que en época florida llenan de un color amarillo rojizo el piso y el césped del parque.

El hombre se sentó y sin preguntar si podía, lo hizo también el cachorrito blanco a su lado derecho como si esperará a alguien. Los minutos comenzaron a pasar lentamente, su poca paciencia le cuestionó el motivo de la espera, más de pronto el cachorrito se puso de pie y con la cola vuelta un remolino brincaba inquieto mirando hacía la entrada de flores; un instante después, en un triciclo rojo con vivos azules, motas en el manubrio y una canastilla en el frente, entro un pequeñín de alrededor de ocho años con los cabellos revueltos, pantalones cortos y una sonrisa pícara que se acentuaba con su vivaz mirada, el cachorrito corrió dando vueltas alrededor del triciclo dándole la bienvenida; al hombre le pareció algo extraña la escena, contemplaba con detenimiento mientras los dos amigos comenzaron a jugar y a revolotear por todo el parque, riendo y ladrando llenos de alegría, no podía separar los ojos de los dos, lo tenían como hipnotizado.

Las horas comenzaron a pasar y los amigos jugaban sin descanso, extrañamente el hombre los observaba sin ningún asomo de prisa o desespero, algo familiar había en todo eso. De repente algo le llamó poderosamente la atención, el chiquillo intentaba hacer algo extraño e imposible, luchaba y luchaba y no conseguía su objetivo. Al ver que no podía con su empresa volteo a ver al hombre y le dijo en un tono muy dulce:

  • ¡No puedo…! ¿Me ayudas?

Mirándolo fijamente y con el ceño fruncido le contestó:

  • ¡Qué no te das cuenta que lo que quieres es imposible y además es una soberana tontería!

El niño repitió la pregunta como si no hubiera escuchado el comentario del hombre:

  • ¡Ayúdame! ¿Sí? ¡Es que yo solito no puedo!

Con su acostumbrado modo enojado de hablar respondió:

  • ¡Está bien! ¡Tú ganas! ¡Pero sabrás que lo que quieres hacer es una soberana tontería! Balbuceo con un tono más agrio.

Mientras el niño sujetaba el manubrio, el hombre tomó al cachorrito blanco en sus brazos y lo sentó sobre el asiento del triciclo y colocó sus patitas delanteras sobre la canastilla, que era hasta donde más podían llegar por su corta estatura.

Satisfecho de haber logrado lo que el chiquillo quería, comentó:

  • Ya está listo, ahora déjame en paz porque estoy esperando a alguien muy importante y no tengo tiempo para tus tonterías.

El niño entonces, tomó las patitas traseras y las posó sobre los pedales y dirigiéndose al flamante tripulante del triciclo, dijo:

  • ¡Ahora sí! ¡Ya puedes manejar tu solo!

El hombre dio dos pasos hacia atrás, la escena le pareció increíblemente familiar.

Mirando hacia la banca lleno de alegría, el chiquillo dijo:

  • ¡Mira abuelo! ¡Viste que sí podía montar el triciclo!

Los ojos del hombre se abrieron enormes como dos platos, al ver sentado en la banca a su abuelo, al cual había querido muchísimo y al que no recordaba desde su infancia, al voltear de nuevo, el tierno cachorrito le pareció totalmente familiar, ambos se fueron en tiempos cercanos causándole un dolor inmenso que  habría querido olvidar desde pequeño. Una marea de recuerdos inundó su corazón y lo lleno de una inmensa alegría.

Levantando la mirada al cielo comenzó a sonreír igual que lo hacía el pequeño que jugaba y reía acompañado de su cachorrito y su abuelo.

  • Tienes razón –dijo- yo ya he sido muy feliz y, ellos siguen en mi corazón, solo que no me acordaba. ¡Gracias por traerlos de vuelta a mi mente!

Rió a carcajadas al ver caer al césped al niño y a su abuelo abrazados y al cachorro correr sobre ellos ladrando y lamiendo a los caídos. Pasaron frente a sus ojos un sinfín de travesuras y juegos de un trio por demás “loco” y divertido, olvidándose del tiempo.

La noche cayó, el hombre se levantó de la banca, se dirigió hacia ellos y se despidió de su abuelo con fuerte saludo de mano y un abrazo y del cachorrito con el clásico revolcón de pelo de cabeza, el cual fue devuelto con un sinfín de lamidas en toda la mano y el rostro como era su costumbre. Tomó al niño de la mano y salió del parque a través del arco por el que habían ingresado, con una enorme sonrisa y muy seguro de que ahora todo sería diferente…, alguien le había enseñado a ser feliz, solo tenía que volver a intentar serlo una vez más.

Al cruzar el umbral de flores se vio de nuevo solo y con una enorme sonrisa aún en el rostro, mirando al cielo dijo:

¡¡GRACIAS POR TODO!! ¡¡LAS LLEVO TATUADAS EN EL CORAZÓN!!

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